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Es así, apenas una pared es la delgada línea que nos separa del mundo. Otras, como dice Anita, es increíblemente gruesa e impenetrable: nuestra cabecita.
A mí en las noches tarde me gusta abrir las ventanas y escuchar los ruidos de la calle de las dos o tres de la madrugada con sólo como límite las persianas cerradas (nadie pintó esto tan magistralmente como Piazzola). Un poco de buena música, un cafecito o una copa de buen vino, completamente montada hasta con perfume.
Me encanta cuando pasa gente, tal vez un señor o algunos muchachos, de repente el taconeo de alguna chica (o será tal vez otro cross, jaja) y sentir que entra su perfume y deseo que el mío se cuele del otro lado también. Tal vez piensen que hay otra chica en esta casa... tengan por seguro que así es.
Besos, Hitomi.
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